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Legrand Jazz/Ascenseur Pour L’echafaud es un disco de jazz que tengo desde hace poco.

Legrand Jazz

Michel Legrand es un famoso pianista, arreglista y compositor francés, que ha realizado muchas bandas sonoras de películas ( Los paraguas de Cheburgo  , El caso Tomas Crown  , Yentl, Verano del 42,…).

En 1958 al principio de su carrera llegó a Nueva York y logró convencer a los mejores músicos de jazz de la época para que en varias sesiones tocasen temas clásicos que él había arreglado, haciendo una de las mejores sesiones “allstar” de la historia del Jazz. En un solo álbum (Legrand Jazz) tenemos a Miles Davis, Dizzy Gillespie, John Coltrane, Bill Evans, etc.

El caso es que el otro día lo vi en la FNAC.
Si abrís el enlace veréis que esta edición, además del Legrand Jazz, incluye la B.S.O que Miles Davis compuso para la película de 1957 de Louis Malle, Ascenseur Pour L’echafaud (hay que ver que difícil es decir cadalso en francés), que yo no conocía.

Ascensor para el cadalso

La música del Miles Davis, que evidentemente es de antes de que evolucionase al mundo electrónico,  es impactante. Pero escuchándola al mismo tiempo que la película lo es aún mas.

Nunca una música se había asociado a un largometraje de esta manera. Jamás la leyenda de un filme se había construido tanto alrededor de su banda sonora. La fuerza del filme, su originalidad, plagada de novedosas imágenes, su modernidad, su trascendencia por la música de Miles Davis, su asociación a la explosión de la Nouvelle Vague, hacen que Ascenseur pour l´échafaud sea un ejemplo raro, único, de un filme que nos descubre también, un universo poético que es la identidad fundamental de la película. La contemplación de las imagines de un Paris en negro y blanco, donde Jeanne Moreau busca un amor perdido, ha cambiado, tal vez… un poco, la historia del cine y del jazz.” No os asusteis, que la frasecita no es mía, aunque la comparto, sobre en lo que se refiere a la música.
El argumento es el siguiente: Una pareja de amantes (Jeanne Moreau y Maurice Ronet) planea el crimen perfecto para liquidar al esposo de ella (un cabrón, dicho sea de paso) , que también es dueño de la empresa donde trabaja el amante. Una vez cometido el crimen,  olvida descolgar una soga que puede levantar sospechas, así que regresa al edificio pero queda atrapado en el ascensor. Para empeorar las cosas,  un joven delincuente y su novia roban su automóvil.
En la escena que sigue Jeanne Moreau esta buscando desesperadamente al amante, porque no se ha presentado a la cita, ni sabe que ha podido pasar. Además ha visto pasar su coche con una chica dentro (los ladrones), y piensa que se ha largado con otra.

Por lo que respecta a la película, hay que tener en cuenta que era la primera que hacía Luis Malle (antes sólo había hecho un documental con Jacques Cousteau) y también la primera de protagonista de la Moreau, que está magnética e impresionante (muy superior a cualquier actriz actual, incluso mejor que nuestra Penélope :P) , y que le sirvió para lanzar su carrera, no sólo como actriz sino también como productora.

Aunque en mi opinión la peli está bastante bien , con momentos de gran tensión dramática, ha envejecido mal, y hay cosas que hoy resultan poco creíbles:
Por ejemplo, el amante se queda atrapado en el ascensor porque el guardia se va a su casa y corta toda la energía eléctrica al edificio (abre un seccionador de un edificio de 6 o 7 plantas como el que apaga la lampara de la mesilla). La verdad no resulta muy creíble, y hoy en día desde luego resulta inimaginable.

Otra cosa que choca: los que le roban el coche se pican con un alemán en la autopista (quien no lo haría hoy en día) hasta que de repente paran ambos en una gasolinera. El chaval lleva una pistola en la guantera, y piensas que le va a pegar un tiro al hijo de Merkel. Pues no, resulta que se echan unas risas y para celebrarlo se toman unas copas juntos. Igualito que hoy en día.

Por lo que respecta a la música, no sólo es que sea magnífica, sino que tiene una historia interesante delante y unas consecuencias detrás.
En invierno de 1957 Miles Davis había sido contratado para una gira europea de tres semanas que no tuvo el éxito esperado y de la que solamente se concretaron tres actuaciones en Bruselas, Amsterdam y Stutgart, además de las tres anunciadas en Paris. Gracias a esta circunstancia Miles pudo tener suficiente tiempo para conocer a los intelectuales y estrellas francesas de moda, como Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, Boris Vian y Juliette Greco -con la que mantuvo un tórrido romance-, y de vivir, de forma intensa, las noches parisinas.
Miles llegó solo a Paris, sin sus músicos habituales (entre los que estaba John Coltrane), por lo que tuvo que seleccionar músicos jóvenes sin gran experiencia en los clubes de jazz de la ciudad, formando un grupo que, en tan solo tres semanas, habría de encontrar un lugar destacado en la historia del jazz.
La música la compuso dos semanas en una habitación de hotel mientras veía la película con un proyector.

Y la grabación se hizo en sólo dos días de estudio, mejor dicho en dos noches, durante las que estuvieron presentes Jeanne Moreau y Boris Vian.

He aquí la descripción de Boris Vian “Esta grabación fue realizada de noche en el estudio Poste Parisien en un ambiente muy distendido. Estaba allí Jeane Moreau, la protagonista de la película, que, de manera encantadora acogía a los músicos y técnicos en un bar improvisado en el estudio. También estaban presentes los productores y técnicos, y Louis Malle, en tirantes, que intentaba sacarle a Miles Davis todo lo que deseaba añadirle a la imagen. Los músicos, totalmente relajados, veían pasar en la pantalla las principales escenas de la película, y situados así en el ambiente, se lanzaban a improvisar a medida que transcurría la proyección. Es de señalar, en la toma Dîner au motel, la extraña sonoridad de la trompeta de Miles. En un momento determinado, un trozo de fragmento de piel se despegó de su labio para ir a colocarse en la boquilla. De Igual manera que los pintores deben a veces al azar la calidad plástica de sus tonos, Miles aceptó con agrado este nuevo elemento ” inaudito” en el sentido literal de la palabra, jamás escuchado. No hay duda de que el oyente, incluso privado de las imágenes, será sensible al clima hechizante y trágico creado por el gran músico negro, sostenido admirablemente por sus compañeros de equipo”.

Cuatro días después de las sesiones de “Ascensor para el Cadalso” y con todo lo absorbido a cuestas, Miles tomó la trompeta para irradiar una atmósfera totalmente diferente a lo planteado en sus grabaciones de ese año. Al año siguiente grabaría Kind of Blue, el mejor disco de jazz de la historia.

La película también la tenéis en la FNAC (ya les pediré la comisión)

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