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Hay bellas palabras que por sí solas, levantan en quien las oye una inmediata adhesión al sentimiento, a la idea o a la imagen que generalmente despiertan. El arte de utilizar en público estas palabras evocadoras cuando no vienen a cuento, es el secreto del éxito profesional de la publicidad y la política, en donde la realidad es suplantada por la imagen.

Algunos ejemplos de esas palabras son libertad, solidaridad, progreso, …derecho. El bando que consigue designar con la palabra derecho a su ambición, y que así la llamen quienes no están comprometidos en el pleito, han comenzado a ganarlo.

La costumbre de hablar de las naciones como si fueran personas ha facilitado la errónea creencia, puramente ideológica, de que también como ellas tienen derechos. 

España, sin necesidad de invocar ningún derecho, es un hecho de existencia nacional con el que se topan las generaciones sucesivas de todos los pueblos que nacen y se reproducen en su territorio. Cataluña y el País Vasco, no son hechos de existencia nacional, aunque una parte de sus habitantes los reclamen y desean imponer como derechos.

Al no ser regiones sometidas a la ocupación de una potencia extranjera, el derecho de autodeterminación nacionalista no puede ser reivindicado ante ningún tribunal de justicia internacional. De ahí que sólo pueda esgrimirse ante la opinión pública interna, mediante una continua oposición al Estado que lo deniega. Es decir, el derecho de autodeterminación es invocado por las nacionalidades lingüísticas españolas como las personas lo hacen con el derecho de legítima defensa. Para justificar la acción directa. 

Si escuchamos y creemos lo que dicen los nacionalistas, no dudaríamos en calificar la situación que sufren sus regiones como la de un estado de necesidad o peligro permanente que les obliga a separarse de las demás, o a cambiar su modo de relacionarse con ellas, por una razón tan elemental como la de legítima defensa. Pero si observamos al conducta de los nacionalistas a los largo de las distintas situaciones políticas que han conocido en la historia nacional del Estado, llegamos a la conclusión de que no es la legítima defensa, sino el oportunismo, lo que impulsa su movimiento centrifugador. La resistencia nacionalista disminuye cuando más necesaria sería, o sea, cuando la dictadura persigue y reprime las más primarias manifestaciones de particularismo. Y aumenta en la misma medida que deja de ser necesaria, o sea,  cuando la libertad cultural es plena. Esta observación es suficiente para sospechar que el único objetivo y el único móvil de las organizaciones nacionalistas es la envidia de poder. No el poder social en sus regiones, sino el poder político en el Estado.

Si esta sospecha se confirmará, como toda hipótesis, con la experiencia histórica del movimiento nacionalista, el tan cacareado derecho de autodeterminación sólo sería un cornetín de enganche para la batalla del poder, para la conquista de un Estado propio.”

Los párrafos que anteceden no son de mi cosecha. Proceden del libro “El discurso de la República” de Antonio García-Trevijano. No es un libro nuevo, lo leí por primera vez allá por 1994, pero es totalmente vigente y necesario ya que ayuda a comprender no sólo el tema de los nacionalismos, sino las carencias y defectos de nuestra supuesta democracia.

Con respecto al autor, yo me interese por él por su forma de analizar intelectualmente la política, a partir de aquellos debates que dirigía José Luis Balbín en La Clave, programa que fue retirado de la programación por el gobierno socialista de Felipe González. ¿Os suena la historia? Que casualidad que hayan pasado 18 años y sigan pasando las mismas cosas.

La única diferencia es que antes eramos cuatro los que nos  indignábamos y ahora parecen muchos más. Veremos que pasa mañana (mejor dicho dicho hoy).

Adjunto un video de la presentación del libro (la calidad es horrorosa, ya lo se, cosas del VHS)

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