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En montaña llamamos hitos a esos montones de piedras que vamos poniendo todos los que pasamos por allí para marcar el camino. En alta montaña, cuando los senderos desaparecen, o cuando hay niebla o nieve, pueden sacarte de un apuro.

Hoy nos toca pasar otro hito, pero de los de la vida. Son momentos que se quedan grabados en la memoria y que nunca olvidas.

Cuando eres joven casi todos son agradables: el primer beso, tu boda, el nacimiento de los hijos, …. Si tienes suerte tu vida irá pasando viendo cumplirse todos esos hitos agradables, y ninguno de los nefastos.

Pero antes o después te tocará enfrentarte a los desagradables. Yo ya he pasado alguno. Hace bastantes años, mucho antes de lo que debería, pasé el de la muerte de mi padre. Y hace dos fue la de P. mi suegro (que palabra mas fea). Esa mañana había salido de viaje de trabajo, y al aterrizar se me olvidó encender de nuevo el teléfono.Total que cogí el coche de alquiler, y conduje más de una hora hasta llegar a la obra donde tenía que trabajar. Allí por fin encendí el móvil y vi las 5 ó 6 llamadas perdidas de mi mujer…..no poder entenderlo,… llamar para buscar vuelos de vuelta, volver de nuevo a toda velocidad al aeropuerto para no perder el vuelo, encontrarte horas después con tu familia en el tanatorio, …ciertamente son cosas que no se olvidan.

Desde entonces F., mi suegra, vivía sola. No ha perdido la cabeza, ni tiene ninguna enfermedad grave, pero sí muchos dolores por todo el cuerpo. Desde que murió P. ha perdido 15 kilos. Apenas puede andar.

A veces uno tiene la impresión de estar viviendo un guión de película, y que las casualidades marcan nuestro destino. Un viernes a principios de este mes de agosto, unos de esos días que hacía un calor asqueroso, decidí irme al cine a ver Prometheus. A mi mujer no le gustan las de ciencia ficción y decidió quedarse en casa. Aprovechó para llamar a su madre…. Algo no iba bien, no le reconocía la voz y apenas podía contestar. Le había dado un golpe de calor.

Afortunadamente mi mujer llegó a tiempo, y la trasladó al hospital. Si se hubiese venido al cine conmigo, no habría llamado hasta el día siguiente y hubiese sido demasiado tarde.

Ya no nos atrevimos a volver a dejar a F. sola, y desde entonces andábamos con ella de casa de un hijo a casa de otro. La situación no podía prolongarse, así que hemos buscado una residencia; y hoy la ingresamos. Otro hito de la vida.

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