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Calle Embajadores

Recuerdo perfectamente el lugar y momento exacto en que nos conocimos. Fue en la Glorieta de Embajadores. Había quedado donde el SIMAGO con Luis, que venía con una pandilla a la  fiesta que daban en la Escuela de Ingeniería Técnica Industrial. Aunque había varias chicas en la pandilla, inmediatamente me fije en ti (y luego me enteré que no fui el único). Rápidamente me atrajo algo de ti. Como en esa fiesta apenas intercambiamos unas palabras supongo que fue tu gran sonrisa, y el conjunto new age que llevabas (camisa cruzada, vaqueros de pinzas, si amiguitos la moda de los 80 no fue el mejor legado de nuestra generación).

Tras tontear en la pandilla durante casi un año, empezamos a salir y duramos de novios sólo dos años. Yo había empezado a trabajar a 500 kilómetros de Madrid y me pegaba unas palizas tremendas todos los fines de semana para venir a verte. En uno de aquellos viajes, yendo a 130 km/h, un montón de grava en el asfalto me llevo a pisar bruscamente el freno, empezar a dar trompos y salirme de la carretera. Era mi día de suerte porque no me paso nada, pero decidí que esa vida de conductor de madrugadas no era para mí.

Así que nuevamente en la calle Embajadores (a falta de París), a la altura de la Farmacia Militar (lugar romántico donde los haya); te pedí que te casases conmigo y que lo hiciésemos pronto porque no aguantaba más ni las palizas de los viajes de los fines de semana, ni la soledad de los días laborables en el pueblo asqueroso donde me tocó irme a vivir para ganarme la vida.

Me respondiste inmediatamente que sí, aunque yo lo único que podía ofrecerte era un piso alquilado, en un bajo húmedo, de un pueblo feo y deprimente como sólo pueden ser los de allí.

Puesto que la cosa estaba clara decidimos hacerlo lo antes posible. Era el mes de septiembre y dos meses después, en noviembre, nos estábamos casando, en una Iglesia de (adivinad) la calle Embajadores.

Han pasado ya 25 años de aquello y la calle de marras quedo definitivamente atrás. Tras dos años de destierro volvimos a casa, y compramos un pisito en un quinto sin ascensor de una ciudad de la periferia.  Durante el primer año ganaba 133.000 ptas. y pagábamos 82.000 ptas. del crédito, y luego aún más ¡Llegamos a pagar un 17% de interés a los sinvergüenzas del Bco. Hipotecario de España! Que iluso fui al pensar que un banco estatal tendría que tratar mejor a sus “clientes” que uno privado. Claro que yo me di cuenta de que no era así hace más de 20 años y muchos otros lo acaban de descubrir ahora.

No recuerdo durante todo este tiempo que hayamos tenido ninguna discusión, y todo el mérito es tuyo, pues como todos los que me conocen pueden atestiguar, yo discuto hasta con mi sombra. La mayoría de las cosas que hemos pasado juntos han sido buenas, aunque últimamente parece que nos haya mirado un tuerto, pero seguro que lo que estos días no nos deja disfrutar de la vida, acabará por arreglarse.

Te debo un viaje a Praga, pero ahora hace mucho frío allí. En primavera iremos.  Prometido.

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