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Este año he introducido algún cambio en mi semana de solterismo en la montaña. Otras veces hago un trekking por el Pirineo, siguiendo un sendero de gran recorrido, esos que están marcados con pintura roja y blanca. La cosa consiste en fijar un punto de salida y otro de llegada y reservar albergues o refugios donde acabar cada etapa y empezar la siguiente. De esta forma he recorrido ya (en distintas semanas) todo el Pirineo de Huesca, Lérida, Andorra y parte del de Francia. Este tipo de actividad te “llena de orgullo y satisfacción”, peroooo tiene un par de inconvenientes. En primer lugar ya lo he realizado en varias ocasiones (algunas etapas ya las he hecho más de tres veces). Por otro lado los albergues y especialmente los refugios no suelen ser sitios muy cómodos para pernoctar. Además hay que atenerse al plan definido,  y realizar la etapa prevista aunque haga mal tiempo ó en casos excepcionales de tormentas violentas, bajarse al valle y pagar un taxi que te acerque al inicio de la siguiente etapa (si ello es posible).
Como decía este año cambiamos de plan, en lugar de un trekking hemos hecho una semana de montaña de ascensiones a picos con punto de partida en un único “campo base”, que ha resultado ser un hotel cojonudo de 4 estrellas en Baqueira. Al contrario que otros hoteles de esquí, este permanece abierto en verano, ofreciendo un precio muy competitivo e incluso un servicio de Guías de montaña gratuito. Así pues por lo mismo que otros años nos costaba ir de refugio en refugio, este año hemos estado a todo lujo, con colchón de latex,  buffet libre de desayuno y cena, aire acondicionado, jacuzzi, wifi, etc. Un sufrimiento vaya. No creo que lo repita 😉
Otra ventaja ha sido que un día que salió tormentoso, no tuvimos que jugárnosla en la zona de alta montaña y pasamos al Plan B, que consistió en un paseo por el bosque de hayas de Carlac, ubicado cerca de Bausén, que es el último pueblo del valle de Arán antes de entrar en Francia. Como podéis ver en las fotos el hayedo es espectacular, pero además el pueblo tiene otro atractivo: un pequeño cementerio civil, cuya bonita historia os cuento a continuación.
Resultó que a principios del siglo pasado dos jóvenes de este pueblo, Francisco y Teresa, se enamoraron. Como suele ser habitual en estos pueblos pequeños, entre ambos jóvenes existía un cierto grado de parentesco. Cuando decidieron casarse el párroco les exigió el pago de una elevada suma de dinero como dispensa, por el hecho de estar emparentados, y no cedió a las suplicas de los dos enamorados, que no disponían de ese dinero. Decidieron por lo tanto “vivir en pecado“, siendo felices durante algunos años, llegando incluso a tener 2 hijos sin haber pasado por la sacristía.

Quiso el destino (no quiero pensar que fuese dios) que Teresa muriese con sólo 33 años de edad. El cura que les guardaba gran rencor se negó en redondo a permitir su sepultura en el cementerio parroquial ubicado al lado de la iglesia. Ante esta crueldad todos los vecinos del pueblo se unieron y decidieron darla sepultura en un nuevo cementerio que crearon en sólo un día, situado junto a un mirador desde el que se domina el valle, y que como podéis ver las fotos sólo alberga la tumba de Teresa con el siguiente epitafio: “A mi amada Teresa, que murió el 10 de Mayo de 1916 a los 33 años”.

Años después Francisco y sus hijos tuvieron que emigrar a Francia. Murió con más de 90 años en Toulouse, sin haberse vuelto a casar. Antes había manifestado su deseo de ser enterrado junto a su esposa, pero no fue posible por diversos motivos.
Sus hijos también murieron ya, pero sus nietos siguen visitando la tumba de Teresa, a la que nunca le faltan flores frescas en la soledad de su cementerio.

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