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Después de un periodo un poco complicado por temas personales por fin pudimos tomarnos unos días y disfrutar (con más de un año de retraso) de nuestras bodas de plata. Se daba la circunstancia de tenía una cantidad considerable de Avios así que decidimos organizar rápidamente un viaje Praga aprovechando la disponibilidad de vuelos que había entre Semana Santa y el puente de mayo. Ya sabéis mi dicho familiar “A lo que es gratis hay que ir, cueste lo que cueste“, y en este caso algo si que nos costó porque como probablemente sabeis los vuelos de Iberia pagados con Avios, en realidad no salen gratis. En nuestro caso tuvimos que pagar más de 50€ por billete, es decir más de lo que te cuesta volar a otras ciudades europeas con compañías de low cost.

Ya el viaje en avión fue impresionante, con unas estupendas vistas de todos los alpes nevados. Pudimos identificar las principales cumbres que ya conocíamos de nuestros antiguos viajes estivales a los Alpes: Mont Blanc, Cervino, Eiger, … La aproximación y el aterrizaje a Praga también fue espectacular. Para el que no lo conozca es un paisaje delicioso, con campos sembrados absolutamente verdes alternándose con otros tapizados de flores, bosques, colinas y el serpenteante valle del rio Moldava.

Para hacer el trayecto del aeropuerto al hotel prescindimos de tomar un taxi, ya que tienen una fama pésima (según cuentan las guías de viaje hasta a su propio Alcalde intentaron timar), y reservamos un servicio transfer por internet que tanto a la ida como a la vuelta funcionó de maravilla, y por sólo 21 euros que pudimos pagar en efectivo y con euros. Por cierto no se os ocurra cambiar de moneda en Barajas, sale mucho más a cuenta hacerlo al llegar a Praga, ya sea en el mismo aeropuerto o mejor aún en las múltiples oficinas de cambio que hay en el centro de la ciudad. En cualquier caso no os hará falta cambiar mucho dinero, sólo algo para propinas y para usar el transporte público, ya que en (casi) todos los sitios aceptan euros y visa.

Nuestro hotel fue el Barcelo Praha Five (también a cuenta de los Avios) que en lineas generales estaba muy bien. La principal pega que le vimos fue que no habían limpiado los cristales en su vida. No es que seamos muy puntillosos con eso pero es que había una araña enorme (sólo las he visto más grandes en África) viviendo en la ventana, a la que veíamos desayunarse todas las mañanas los mosquitos que habían caído por la noche en su gigantesca tela. Evidentemente abrir la ventana por la noche quedaba descartado por lo que a pesar del aire acondicionado hacia calor en la habitación: como ya me ha ocurrido en otros hoteles de Suiza y Alemania, las camas no disponen de sabanas y colchas, sino de un edredón nórdico de plumas con el que literalmente te cueces vivo. Al final tienes que desenfundar el nórdico y taparte sólo con la funda, ….hasta que vuelves a tener frío y te tienes que tapar con el plumas,… y así toda la noche. Salvo esos detalles lo demás todo perfecto, especialmente la cama y los desayunos.

El hotel está al lado de un intercambiador de transportes, con paradas de tranvía, autobús y metro.  Hay gente que prefiere hoteles muy céntricos para no tener que usar el transporte público. A mi sin embargo me encanta usarlo, ya que te permite conocer mejor como es vive y funciona la gente del pais. El metro de Praga además es muy peculiar: es de diseño soviético, muy rápido tanto el tren como las escalera mecánicas que además son muy empinadas y largas. Las primeras veces impresiona tomarlas. Las guias dicen además que es muy profundo porque lo diseñaron en la guerra fría para que sirviese de refugio nuclear. Supongo que comparado con los metros de Paris o Roma si es profundo, pero nada que ver con algunas estaciones del metro de Madrid. Tiene además un fallo muy gordo (yo siempre viendo el lado ingenieril de las cosas): las puertas, escaleras y el anden están perfectamente alineados, con lo que las corrientes de aire que se producen, especialemente cuando llega el tren son impresionantes. En invierno, cuando en la calle estén a bajo cero,  tiene que ser insoportable.

Y llegamos al centro de la ciudad. No temais no os voy a dar la chapa con un recorrido turístico, sólo os diré que Praga es como un cuento, preciosa de verdad, como espero que reflejen las fotos que acompañan. Un pocas recomendaciones prácticas si que me permito haceros.

1) Para subir al Castillo no sigais a toda la multitud que atraviesa el puente de Carlos: os tocara pegaros una paliza subiendo las interminables escaleras que dan a la entrada principal (con estupendas vistas eso si). Es mejor tomar el metro hasta Hradcanska y entrar por los jardines que hay en la parte norte del Castillo.

2) No os debeis perder el cementerio judio, es absolutamente impresionante.

3) Las mejores vistas de las ciudad las encontrareis en la Torre de Petřín, una replica un tanto cutre de la Torre Eiffel de París. Se puede subir por las escaleras o en un miniascensor que parece una caja fuerte. En cualquier caso tendréis que pagar y aquí no admiten ni visa ni euros (pero os cambian en el bar a un interés no muy ventajoso, doy fe). Para llegar hasta el pie de la torre que se encuentra en lo alto de una colina, podeis llegar desde el oeste despues de haber visitado las bibliotecas del Monasterio de Strahov, o desde el este tomando un funicular que sale desde la calle Újezd (cerca del río). En la parada intermedia del funicular podéis cenar en el restaurante Nebozizek, con una terraza muy agradable de inmejorables vistas.

4) Para comer o cenar os recomiendo usar la app Prague City Guide de TripAdvisor: incluye un mapa de la ciudad por lo que no teneis que gastar datos. Yo no soy de planificar mucho los viajes y menos en función de los sitios donde comer, pero esta guía te permite buscar los restaurantes con mejores puntuaciones en la zona donde decidas repostar. En mi caso acerté todas las veces. Cerca del Castillo comimos en U Labuti, mucho mas barato de lo que te puede hacer suponer su impresionante fachada. En la plaza de Wenceslao (en realidad es una avenida ancha no una plaza) triunfé con un codillo de cerdo impresionante en el pintoresco Vaclava, que a pesar de se el más caro de todos y apretarnos varias cervezas, nos salió por menos de 40€.

La verdad es que ha sido uno de los mejores viajes que hemos hecho, todo fue sobre ruedas. Bueno casi. Al salir de Madrid mi hija llevaba ya un par de días con fiebre alta. El médico nos dijo que era un virus, y que los virus duran sólo 2 ó 3 días, asi que nos fuimos mas o menos tranquilos. Al llegar al hotel la primera noche y conectarnos al WiFi, nos entraron varios WhatsApp angustiosos de mi hijo, indicando que la “niña” tenía 40ºC de fiebre y que no sabía que hacer. En fin justo el mensaje que te apetece recibir cuando estas muerto de cansancio, a punto de irte a la cama, a miles de kilómetros de tu casa y sin que puedas hacer nada. Evidentemente esa noche no pegamos ojo. Afortunadamente a la mañana siguiente estaba algo mejor y pudimos seguir el viaje, con llamadas continuas a casa eso si, para comprobar como iba todo.

Y ahora las fotos:

 

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