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Cuando los hijos crecen es difícil hacer cosas juntos. Cualquiera que los tenga lo sabe, y lo que más se añora es irse de vacaciones con ellos. A la montaña, que es lo que más me gusta, ni se me ocurre plantearles nada. A la playa la última experiencia conjunta fue hace dos años y no resultó muy satisfactoria. Así que este año lance, sin muchas esperanzas, la propuesta de irnos todos juntos a hacer un viaje cultural, y cual no fue mi sorpresa cuando dicho plan fue aceptado por mi Unidad Familiar (en adelante UF), siempre y cuando las fechas fuesen entre el 10 y el 30 de julio, ya que antes había exámenes y después tenían otros planes.
Así que allí estaba yo a mitad de junio organizando a toda velocidad un viaje para cuatro personas a algún sitio de Europa.

LOS PREPARATIVOS
Lo primero que tuvimos que decidir fue el sitio. Evidentemente plantear un viaje en el que sólo se pudiesen visitar museos no era una buena opción. Había que buscar algo donde pudiésemos compaginar las visitas a ciudades y museos, con bonitos paisajes y posibilidad de actividades al aire libre. Descartados Noruega y Escocia por su alto coste, finalmente nos decidimos por el sur de Alemania, concretamente recorrer Baviera y la Selva Negra. En Baviera intentaríamos visitar Salzburgo y varios de los castillos del rey Luis II de Baviera (el rey loco) disfrutando al mismo tiempo del paisaje alpino por la Deutsche Alpenstrasse. En la Selva Negra cambiaríamos a un paisaje de suaves colinas con densos bosques de coníferas, recorriendo la Schwarzwaldhochstrasse , y además queríamos visitar la Alsacia.
El siguiente hito era seleccionar el tipo de viaje. No soy yo de meterme con otros 40 desconocidos en un autobús, durante 10 días, así que la opción elegida fue un “Fly & Drive“. En primera instancia encontré una agencia que tenía un programa que nos encajaba, pero tras esperar durante tres días a que nos contestaran una pregunta (finalmente lo hicieron al cabo de una semana), decidí organizarlo todo por mi cuenta.
Lo primero fue el avión: es bastante frustrante encontrar billetes a un precio razonable y que cuando vayas a comprarlos se hayan incrementado en 30 euros por billete. Mi lógico comentario a la UF fue: “Bah, paso de comprarlos ahora, seguro que han subido por que tienen un programa que detecta que estamos interesados y los suben de precio, mañana lo vuelvo a intentar y seguro que han vuelto a bajar“. Evidentemente no sólo no bajaron sino que se incrementaron en otros 50 euros, así que maldecí mi estampa por no haberlos comprado la primera vez que entré en la puñetera página de la aerolínea y los compré al tercer intento, no sin antes dar un respingo al ver que, en el paso final de la compra, nos clavaban otro rejón de 20 euros “por pagar con tarjeta de crédito”. Morro no, lo siguiente es lo que tienen.
Para los hoteles lo que suelo hacer es buscar aquellos con buenas críticas en el Tripadvisor, y reservar a continuación directamente con el hotel. En este caso no tenía tiempo para esto último así que use directamente las páginas de reservas, a pesar de que recientemente tuve una mala experiencia con una de ellas (Expedia). En esta ocasión use Hoteles.com, que no son tan pesados como los de Booking. Luego descubrí que Hoteles.com pertenece a Expedia, lo cual incrementó en un par de puntos el nivel de ansiedad pre-viaje que llegó a ser considerable.
El coche de alquiler lo busqué con Rentalcars, que tiene la gran ventaja (además de poder comparar ofertas entre distintos proveedores) de que te ofrecen un seguro para cubrir la franquicia que sale a mucho mejor precio que el seguro todo-riesgo que puedes contratar con las compañías de alquiler. Tras un análisis detallado del volumen maletero y el número de maletas a transportar opté por un coche tipo C (Volkswagen Golf o similar), con la compañía Hertz (que no era la más barata). Fue todo un acierto, en primer lugar porque las colas que había en el aeropuerto de Múnich con otras compañías eran considerablemente mayores. Además me dieron un coche mucho mejor, concretamente un C4 Picasso de 7 plazas, diesel, con GPS y totalmente equipado que fue una gozada, aunque tuve que soportar críticas de la UF (especialmente del sector femenino) por haberles restringido el número de maletas que podíamos llevar.
Lo del GPS, a pesar de que hablaba en alemán, fue importante porque la aplicación que me había descargado en el móvil para tal fin (OsmAnd) falló más que una escopeta de feria, y en los sitios más inoportunos (por ejemplo cuando íbamos tarde a la visita con cita previa a Neuschwanstein).

EL VIAJE
Finalmente el viaje quedo configurado así (enunciado tal y como lo hacen las agencias):
Día 1:Vuelo a Alemania, con visita a Múnich y desplazamiento y alojamiento en Ruhpolding
Días 2-4: Con base en Ruhpolding, pintoresco pueblo bávaro y sede del campeonato del mundo de Biathlon, visitas a:
Salzburgo (Austria), ciudad natal de Mozart, con su impresionante castillo de Hohensalzburg.
Parque Nacional de Berchtesgaden, y sus famosos lagos de Hintersee y Köningsee incluyendo paseo en barco en este último.
• Lago de Chiemsee con visita al castillo de Luis II de Herremchiesee ubicado en una de sus islas.
Día 5: Desplazamiento al castillo de Linderhof, con visita al pintoresco pueblo de casas pintadas de Oberammergau. Alojamiento en el hotelazo que está justo a la entrada del castillo.
Día 6: Visita a los castillos de Hohenschwangau y Neuschwanstein (imprescindible cita previa), desplazamiento hasta la Selva Negra (Triberg)
Días 7 y 8: Días libres para conocer:
• Pueblecitos de la Selva Negra (Todnau, Freudenstadt, Schiltach) y algunos de sus paisajes típicos (lagos de Mummelsee y Titisee, cascadas de Todnau y Triberg).
• La Alsacia francesa: Estrasburgo y Colmar.
Día 9: Traslado a Múnich, visitando el campo de concentración de Dachau. Vuelo de regreso a España.

RESUMEN Y CONSEJOS
Al final hicimos más de 1900 km en coche (menos mal que nos dieron un diesel) y pudimos ver casi todo lo previsto. Por la ridícula costumbre que tienen los alemanes de cerrar las atracciones turísticas en pleno verano a las 16:30 nos falto ver el Nido de Aguilas de Hitler en Berchtesgaden, y el tobogan de Todnau Tampoco visitamos la abadía de Ettal camino de Linderhof porque nos saltamos el desvío y no nos dimos cuenta hasta que no llegamos al palacio.
Evidentemente con más tiempo podríamos haber visitado muchas más cosas, especialmente en la zona de Selva Negra donde nos quedamos con ganas de ir a Friburgo y al pueblo de Riquewihr en la Alsacia, pero la impresión y satisfacción general del viaje ha sido muy alta. Yo el día de viaje de vuelta hubiese visitado Ausburgo en lugar de Dachau, pero donde hay patrones llamados hijos, no mandan marineros.
Es un país ideal para hacer un Fly & Drive ya que la gente es muy amable en ciudades y carreteras, no te agobian si vas despacio o con dudas como te pasaría en España. En las autopistas hay que ir con cuidado por las frecuentes obras y atascos, y porque no hay límite de velocidad: a pesar de ir casi todo el tiempo a más de 130 km/h me adelantaba todo el mundo.
En los pequeños pueblos de Baviera y especialmente de la Selva Negra el conocimiento del inglés es más limitado de lo que esperaba. Las cartas de los menús suelen estar sólo en alemán y la mayor parte de los camareros no lo hablan, aunque al decir que veníamos de España le ponían muy buena voluntad. Hambre así en general como que no pasamos (vamos que ante las dudas de los menús nos pusimos ciegos a filetes empanados Schnitzel y a pasteles Applestrudel.)
En cuanto a los castillos del rey loco, nos gustaron todos, pero si tenéis poco tiempo los más recomendables son el de Linderhof (los jardines y el entorno entre montañas es maravilloso) y Neuschwanstein, aunque aquí las multitudes eran, a la par que pintorescas, deleznables: casi morimos aplastados en el famoso puente de MarienBrücke por un abigarrado conjunto de rusos y japoneses que pretendían entrar sin dejarnos salir. Cuando las tablas del puente empezaron a oscilar de forma prodigiosa, empecé a sentir algo de aprensión, especialmente teniendo en cuenta que había leído en la página Web en agosto iban a cerrar por obras importantes de saneamiento. Menos mal que un corpulento italiano y yo logramos abrirnos paso a fuerza de gritos y empujones. Algo vale nuestro carácter mediterráneo, sobre todo si pesas más de 90 kg (hablo del italiano no de mí XD).
Os dejo una selección de fotos del viaje, de las más de 1300 que hice.

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