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Era tan maravilloso el espectáculo aquella mañana de mayo del año 1910, en que nueve reyes montaban a caballo en los funerales de Eduardo VII de Inglaterra, que la muchedumbre, sumida en un profundo y respetuoso silencio, no pudo evitar lanzar exclamaciones de admiración. Vestidos de escarlata y azul y verde y púrpura, los soberanos cabalgaban en fila de a tres, a través de las puertas de palacio, luciendo plumas en sus cascos, galones dorados, bandas rojas y condecoraciones incrustadas de joyas que relucían al sol. Detrás de ellos seguían cinco herederos al trono, y cuarenta altezas imperiales o reales, siete reinas, cuatro de ellas viudas y tres reinantes, y un gran número de embajadores extraordinarios de los países no monárquicos. Juntos representaban a setenta naciones en la concentración más grande de realeza y rango que nunca se había reunido en un mismo lugar y que, en su clase, había de ser la última. La conocida campana del Big Ben dio las nueve cuando el cortejo abandonó el palacio, pero en el reloj de la Historia era el crepúsculo, y el sol del viejo mundo se estaba poniendo, con un moribundo esplendor que nunca se vería otra vez.

Así empieza el libro de Barbara W. Tuchman “Los cañones de agosto. Treinta y un días de 1914 que cambiaron la faz del mundo” cuya lectura acabo de concluir. Si todavía estáis despistados de cual es su contenido os diré que es de la Primera Guerra Mundial (IGM), y más concretamente de los hechos acontecidos en su primer mes (agosto de 1914), que fue absolutamente decisivo, no solo para el devenir de la Gran Guerra sino para la historia del siglo XX.

Tenía yo pendiente leer algo de la IGM de la que se celebró en 2014 el centenario de su inicio,  ya que es un capítulo de la historia que era para mi bastante desconocido. Comparada con la II Guerra Mundial apenas si hay documentales ni películas y las que hay se centran más en la crueldad de la guerra de trincheras, pero no en sus causas y desarrollo. Las películas recuerdo haber visto es la magnífica “Senderos de gloria” de Kubrick y “Gallipoli”  de Peter Weir. Ambas me impresionaron notablemente porque no tienen la épica del ganador que tienen casi todas las de la IIGM,  sino el sufrimiento del soldado. En cuanto a libros también leí hace mucho “Adiós a las armas” de Hemingway (no me gustó mucho) y recientemente “Nos vemos allá arriba” de Pierre Lemaitre (muy duro). También hace años los “Siete Pilares de la Sabiduría” de T. E. Lawrence (más de 1000 páginas, no se como fui capaz), pero aún siendo la misma guerra, el romanticismo y la belleza de los paisajes de Arabia nada tienen que ver con la crueldad y dolor de la guerra de trincheras en Europa.

Bueno, el caso es que estaba decidido a leer un libro de historia de la IGM y buscando en las reseñas vi que “Cañones de agosto” había influido a Kennedy para no verse arrastrado por acontecimientos rápidos e imprevisibles en la crisis de los misiles de Cuba , sin ni siquiera tener claro cómo había empezado todo, tal y como cuenta Tuchman que ocurrió con los políticos involucrados en la I Guerra Mundial.

En la primera parte del libro cuenta precisamente los hechos que llevaron de forma súbita a la misma, i.e.: el belicismo de Alemania y la política de alianzas de Inglaterra, Francia y Rusia. De esta parte me ha impresionado sobre todo el “ardor guerrero” de la época que actualmente se antoja inimaginable. Supongo que la IGM marcó precisamente una antes y un después: antes las guerras eran locales, duraban apenas unos meses y no afectaban tanto a los civiles. Después las guerras pasaron a ser mundiales, con muchos años de duración y gran sufrimiento tanto para los militares como para los civiles. En este sentido el libro cuenta el Schrecklichkeit:  las represalias que los alemanes tomaban en las ciudades que iban conquistando, que incluían fusilamiento de civiles y que culminaron con la quema de la Biblioteca de Lovaina ¡Impresionante que un pueblo como el alemán que se consideraba culto y superior al resto de Europa cometiese tales atrocidades!

Resulta muy revelador del pensamiento de la época el siguiente párrafo del libro:

La guerra había de ser, escribió Thomas Mann, «una purificación, una liberación, una enorme esperanza. La victoria de Alemania será la victoria del alma sobre el número. El alma alemana es opuesta al ideal pacifista de la civilización, ya que, ¿acaso la paz no es un elemento de corrupción civil?». Este concepto, una clara imagen de la teoría esencialmente militarista alemana de que la guerra ennoblece, no era muy diferente de los exabruptos de Rupert Brooke, y era defendida en aquellos días por un gran número de personas altamente respetables, entre las que figuraba Theodore Roosevelt.

El libro describe muy bien los planes de guerra de Alemania y Francia. El Plan Schlieffen de Alemania se basaba en derrotar rápidamente a Francia invadiendo a la neutral Bélgica y alcanzando París antes de que los Rusos hubiesen tenido tiempo de movilizarse. El Plan francés no preveía la defensa contra ese ataque previsible, sino que más bien lo propiciaba, concentrando la mayor parte de sus fuerzas para recuperar las regiones de Lorena y Alsacia que habían sido perdidas como consecuencia de las desastrosa batalla de Sedán en 1870 (guerra franco-prusiana).

Y luego viene la derrota aliada en la batalla de las fronteras, el ordenado repliegue francés y los errores de los alemanes al minusvalorar la fuerza enemiga que propiciaron la victoria de los aliados en la batalla del Marne que el libro ya no describe, puesto que como indica su título se concentra únicamente en el primer mes de la guerra.

En definitiva un libro muy recomendable tanto por lo que cuenta como por como lo cuenta: se lee como si fuese una novela, describiendo no sólo los hechos sino también las personalidades de los políticos y generales, y los detalles y casualidades que podrían haber cambiado el curso de la guerra o incluso haberla evitado. A ratos me he puesto en la piel de los Generales, entiendo la magnitud de las decisiones que tuvieron que tomar. A buen seguro que no será el único libro de Tuchman que lea.

Para terminar os dejo el último párrafo del libro (confió no considerareis que sea “spoiler”) ya que como dice la autora condensa el significado de la Gran Guerra en nuestra historia:

Después del Marne la guerra adquirió unas proporciones cada vez más grandes y se extendió hasta afectar a naciones de ambos hemisferios, a las que involucró en una dinámica de conflicto mundial que ningún tratado de paz podía detener. La Batalla del Marne fue una de las batallas más decisivas de la historia, no porque determinara la derrota de Alemania o la victoria de los aliados, sino porque determinó que la guerra iba a seguir su curso. La víspera de la batalla, Joffre afirmó ante sus soldados que no cabía la posibilidad de mirar hacia atrás. Una vez concluida ésta, lo que no había era vuelta atrás. Las naciones cayeron en una trampa, una trampa elaborada durante los primeros treinta días de unas batallas que no fueron decisivas, una trampa de la que no había —y no ha habido— escapatoria posible.

 

 

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